Sexo en el trabajo o cómo gestionar un lío laboral

«Cómo ha venido el gerente de las vacaciones. Le ha sentado bien el sol y, oye, tiene su puntazo». «Anda que la jefa… Mira que siempre ha tenido tipazo, pero no la recordaba así». Llegan septiembre y los reencuentros en el trabajo, las clases o en el espacio laboral que corresponda. El roce hace el cariño y tantas horas en un mismo ámbito pueden generar lazos que pueden terminar en algo más que una relación entre compañeros.

Un 15,2% de los jóvenes españoles de 18 a 35 años piensa que el trabajo es su lugar preferido para el sexo, incluso por encima de las discotecas, según el barómetro sexual de Control en 2018. ¿Y cómo conseguir que hacer realidad esta fantasía no repercuta en el día a día? Piénsalo antes de lanzarte al cuello de esa persona especial en la próxima tarde que os vayáis de cañas después del curro.

Los intereses compartidos son un elemento básico en cualquier tipo de grupo humano. En el trabajo, aunque cada cual tenga sus especializaciones, hay un nexo común bajo ese mismo techo. Más, si cabe, en el entorno universitario. Qué decir de la endogamia de gremios como la medicina o el periodismo, pero esa es otra historia. Pero tan fácil es enrollarse con el de al lado como que esa aventura termine en una catástrofe emocional que pueda salpicar al puesto de trabajo.

Silvia Romero, médica y sexóloga, invita a hacer un balance de situación antes de lanzarse: “Hay que visualizar los pros y los contras, valorar el beneficio y perjuicio que podría hacer a largo plazo a ambos tomar una u otra decisión, asumiendo el coste emocional de la misma”.

Sexo en la oficina. ¿Quién no lo ha imaginado?

Cabeza y discreción contra los calentones en el trabajo

“Donde tengas la olla no metas la polla” es un refrán tan primitivo como eficaz para evitar posibles jaleos. Si no has hecho caso a la sabiduría popular, contén tus ganas de airear esa historia. A menos que te hayas comido los morros con dicha persona enfrente de media plantilla, hablad educadamente sobre cómo lidiar con la situación. Iris Martínez, psicóloga y sexóloga, recomienda “absoluta comunicación entre las personas implicadas, para intentar evitar posibles momentos incómodos posteriores. Transparencia en intenciones y vivencias”.

Evitad los comentarios, las indirectas o dar demasiadas muestras de sintonía personal, aunque fingir una relación impostada también puede dar que pensar. Los corrillos de las pausas para el café o el cigarro son focos de debate y hay muchos ojos deseosos de cotilleos. Seguro que no es tan difícil verse lejos del puesto de trabajo, por mucho morbo que dé quedarse una noche a hacer horas extra sobre la mesa del jefe o bajar al almacén en un hueco libre.

Organigramas laborales

El poder pone. Es así. Ser mandamás suele tener una dosis extra de atracción entre los soldados rasos de la oficina, sobre todo si esa persona no es estirada, despótica y tirana. No debería ser necesario ni recordar que en caso de arriesgarse con el jefe –o el profesor– , el sigilo es más importante que nunca para evitar guerras civiles en la oficina.

Alberto Álamo, psicólogo y sexólogo, considera que esta clase de encuentros “depende mucho del trabajo, del ambiente laboral, condiciones o el tipo de relación, dónde se sitúan en el organigrama de la empresa porque no es lo mismo tener un lío con tu jefe o jefa que con un compañero o compañera con el mismo puesto que tú”.

Los intereses comunes en el trabajo fomentan las relaciones

Estas relaciones son particularmente peligrosas porque puede repercutir en la carrera profesional de los implicados. ¿Cómo sabes si no consigues ascender en la empresa porque el dirigente no quiere levantar sospechas en el equipo? ¿Quién te dice que no has alcanzado ese puesto de influencia no por tus capacidades de trabajo sino por haberte tirado al encargado de los nombramientos? Un buen consejo es tratar de aislarse de esos pensamientos, pero si no lo consigues debes asumir que forma parte del juego.

Después del lío

Enhorabuena, habéis conseguido que la situación se normalice. O bien el grupo ha sabido de lo ocurrido y no ha habido mayor problema o bien vuestra discreción de ninjas ha impedido que nadie se entere y habéis organizado bien vuestros encuentros. Bien. Sin embargo, por cualquier causa la relación no ha ido más y se ha fracturado. Vaya. Toca pasar ocho, o diez, o demasiadas horas con alguien hacia quien sientes una incomodidad incuestionable. Es el momento de exhibir cierta cordura y no perjudicar al entorno y a uno mismo con comentarios, indirectas o actuaciones inoportunas.

Álamo considera que si la ruptura es consensuada y deseada por ambas partes, la situación puede ser “favorable”, siempre que se alcancen acuerdos explícitos de cómo queda su relación dentro del ámbito laboral. Ahora bien, añade, “el problema viene cuando existe una ruptura algo más brusca, con ataques o reproches y pueda haber algunos sentimientos y emociones dirigidos a la venganza o el perjudicar al otro u otra”. Hace falta la misma madurez para no tirar al suelo los folios y bolígrafos de la mesa y dejarse llevar por la pasión que para entender que esa etapa ya terminó.