Echo de menos

Echo de menos. Así sin más, el primer paso es reconocerlo. Echo de menos muchas cosas. No las convencionales, las que todo el mundo diría, las fáciles. Como tú me dijiste aquella última vez «te van los imposibles».

Pues sí. Me va todo lo que no puedo tener, lo que me prohíben mis padres y la ley. Me va lo primero que me de cariño y me mire en una noche de fiesta. Me van las confesiones en el baño, el humo viciado y las pupilas dilatadas.

Pero echo de menos. Te echo de menos. ¿Tus manos? ¿Tus labios? ¿Tus ojos?… también. Hoy, ahora, echo de menos otras cosas.

Echo de menos tu saliva en mi boca, por ejemplo. No cuando se mezcla en esos besos que me dejaban sin respiración, si no cuando me agarrabas la barbilla y me escupías dentro. Sucio, incorrecto, guarro. 

Echo de menos tus manos en mi pecho. Tu boca en mi pecho. Que te pusieras cachondo con mis tetas. Los pellizcos en los pezones. Las marcas del día después. Tuyas y mías. 

Qué curioso es echar de menos. Echas de menos cosas a las que no les sueles hacer mucho caso. Hasta que dejan de estar. Y lo que antes era normal ahora pasa a ser extraordinario. Lo que pasaba inadvertido hoy es la rareza más maravillosa del mundo. Curiosa la vida.

Como curiosa era tu forma de acariciar. Clavabas las uñas. Más que yo. Dibujando con tus dedos mi piel irritada. Fuerte, profundo, doloroso…rico. Y yo te pedía más, claro. Eso también lo echo de menos. Perder mi voz en una noche contigo. Como te gustaba que gritara y lo bien que sabías hacerlo. 

Fuerza. Tienes mucha fuerza. Echo de menos el sonido de tu cuerpo chocando con el mío. La melodía del sexo que creábamos al amparo de la noche. El dolorcillo que aparecía cuando llevábamos horas. El squirt en tu cara, tu semen en la mía. Eso, cariño lo echo de menos.

Y a ti. A ti lo que más. A estas alturas ni siquiera sé si fuiste real o un sueño demasiado lúcido. Eres para mi y aún no lo sabes. No será hoy, ni mañana, pero será. Porque el destino no pone esas bombas en el camino sin más. Y porque te echo de menos, más de lo que me gustaría admitir.