José Luis García, sexólogo: «Desde el Gobierno no se ha hecho gran cosa en educación sexual»

José Luis García es uno de los especialistas con mayor prestigio en el campo de la educación sexual en nuestro país y de los que mayor experiencia acumula. Pionero en estos temas en nuestro país ya que, junto a Félix López, Efigenio Amezua, Eduald Maideu, y J.M. Farré, entre otros especialistas de la época, fundaron la primera Federación Española de Sexología allá por los años 1979, en un hotel de Soria, años en los que era muy difícil plantear cualquier iniciativa en esta materia. En aquel entonces el divorcio, el aborto, los anticonceptivos o el matrimonio homosexual, estaban prohibidos y penalizados. El sexo era pecado y si te masturbabas se te reblandecía la médula espinal y te quedabas ciego.

José Luis ha trabajado como Psicólogo Clínico especialista en Sexología en un centro público de salud del Gobierno de Navarra durante 36 años. Ha sido, por tanto, uno de los pocos especialistas en el sistema público de salud que se ocupaba, ya en 1981, en exclusiva de estos asuntos sexuales, ofreciendo su atención a personas y parejas con problemas y dificultades en su intimidad y en sus relaciones. 

Ha publicado 14 libros, 19 vídeos y otros materiales educativos, así como infinidad de artículos de divulgación en medios de comunicación y otros más profesionales en revistas científicas. Por su trabajo en educación sexual ha recibido nada menos que 8 premios nacionales. Su último libro publicado en 2019, en Amazon, ha sido Sexo, poder, religión y política.

Es habitual conferencista en jornadas, cursos y congresos sobre el tema. Se ha recorrido España e Iberoamérica, invitado para impartir cursos de formación a familias, profesionales colaborando con centenares de entidades y asociaciones, para abordar. en las procelosas aguas de la sexología, temas tabúes como la discapacidad intelectual, jóvenes, tercera edad, parejas disfuncionales, ect. 

José Luis, además de ser pionero, es un trabajador incansable, casi activista  y también colaborador habitual de El Sexo Mandamiento, razón por la que nos ha parecido oportuno entrevistarle.

En su último libro habla de manera recurrente sobre el poder ¿Por qué le interesa tanto el poder en la sexualidad?

Es un tema enormemente atractivo. Cualquier análisis que hagas de cualquier comportamiento social, hecho o situación, te topas inevitablemente con el poder. En cuanto hay más de dos personas ya tenemos una relación de poder. En todas las relaciones de pareja es así. En mi trabajo, cuando proponías cualquier iniciativa social que tuviera relación con la entrepierna, enseguida aparecía la feroz oposición, absolutamente contraria a cualquier cambio en esa área. Por tanto, como todos los días te dabas cabezazos contra ese muro, era inevitable preguntarse ¿Por qué este interés obsesivo en prohibir o controlar algo que es placentero, saludable y que provoca bienestar, como alguien me decía: ¿por qué es pecado algo que es bueno, bonito y barato y que no hay que pagar IVA?

Bromas aparte, vivimos en una sociedad con muchas desigualdades, y eso facilita arbitrariedades sexuales por parte de los/as poderosos/as. Las agresiones sexuales, la prostitución, son ejemplos de esas desigualdades entre hombres y mujeres. La historia se escribe en parte por esa lucha permanente entre los/as que detentan el poder económico y social y, de frente, los/as que quieren acceder a él para cambiar esas injusticias y defender los derechos sexuales y las libertades de todas las personas.

¿Todos deseamos más sexo… ¿La gran mayoría?

Si, la generalidad. El poder y el sexo son dos grandes aspiraciones de la inmensa mayoría de los seres humanos. Casi todo el mundo anhela tener más sexo y, creo que también, tener más poder. Cada cual en sus circunstancias y en su entorno. Por ello, el afán o búsqueda en conseguir más, son dos importantes motivaciones de las conductas de mujeres y hombres. Por el poder y el sexo hay algunas personas que son capaces de involucrarse en las bajezas más impensables y sorprendentes. Ambos atraen sobremanera, provocan placer y satisfacción, transforman a las personas que lo detentan, generan adicción –ya que están implicadas estructuras y sustancias cerebrales– y tratan de perpetuarse. No en vano se habla de la erótica del poder. Viendo la obsesión de algunos políticos y políticas, cabe pensar que “les pone” tomar ciertas decisiones. Además, a menudo, el que tienen poder suele tener más sexo con más personas.

¿Pero solo le interesa al poder político?

El poder, bien sea religioso o político, – incluso el judicial y el de los medios de comunicación- han instrumentalizado el sexo y lo han utilizado con fines ideológicos. Todos los partidos políticos lo hacen en mayor o menor medida, de ahí que sea inevitable tener una visión crítica contra algunos estamentos de poder. Han cambiado los usos y la intensidad del control, pero sigue existiendo ese interés, a veces enfermizo, por los asuntos sexuales. Todas las sociedades han regulado las conductas sexuales y reproductivas, desde criterios represivos y apoyándose en las religiones, hasta una mayor liberalización en tiempos recientes. La represión sexual y el control que ha ejercicio la religión -todas las religiones- durante siglos… no me digas que no es un tema que merece la pena preguntarse. ¿Por qué? Yo creo que, básicamente por controlar y someter a la ciudadanía, a través del castigo, el miedo y la culpa. Las personas libres son más difíciles de adoctrinar y domesticar.

En su libro, Sexo, poder, religión y política, advierte de que en España hay una excesiva “ideologización” de la educación sexual y de los temas sexuales y propone sacar este tema de la agenda política y dejar trabajar a los técnicos.

Efectivamente, como si fuera otra área más de la salud de las personas. Como la Oftalmología. La educación sexual, desde mi punto de vista y fundamentalmente, trata no solo de prevenir los riesgos sexuales y reproductivos sino y, sobre todo, de promover una vivencia sexual, libre, saludable y placentera para las mujeres y los hombres que así lo deseen. Mi experiencia en estos 40 años, que recogemos en las cerca de 400 páginas de mi último libro, es que la polémica obstaculiza la normalización de educación sexual y hurta a los/as jóvenes su derecho a recibir una adecuada atención en esta área, dejándoles desprotegidos. Además, creo que generar controversia es una estrategia política para obstaculizar este proceso. Los grupos políticos conservadores lo han hecho repetidas veces durante los últimos 40 años que yo he analizado. Cualquier reforma ha sido recurrida sistemáticamente, por lo que sorprende ver a algunos políticos, convertidos en adalides del progreso sexual en 2019, como es el caso de la derecha y la ultraderecha. Les pediría a los políticos que dejen fuera de sus debates esta cuestión tan importante para la salud. Llevo algunos meses proponiendo algo de esto en las redes sociales, porque es una cuestión de salud pública por encima de todo. Hay que dar al Cesar lo que es del Cesar.

¿Y qué pretenden?

Estos políticos, en su mayoría, además de mantenerse en el poder y seguir con sus generosas prebendas, lo que pretenden es retrasar la normalización, no avanzar. Es una estrategia de la derecha para retrasar el proceso. Por eso insisto en la excesiva ideologización de la educación sexual y de los temas sexuales. Mientras tanto nuestros jóvenes siguen sin tener una educación sexual profesional y científica, arriesgando su salud y su futuro con abortos, enfermedades de transmisión sexual, disfunciones sexuales, agresiones y abusos. Creo sinceramente que esa educación sexual evitaría esos riesgos, y promovería una mejor salud sexual. 

¿Hemos avanzado en estos asuntos?

Sí, claro, Afortunadamente. Pero venimos de unos tiempos recientes sumamente difíciles y complicados. Yo empecé a trabajaren estos temas, a finales de los años 70, donde casi nadie se atrevía a reivindicar y publicar sobre estas cuestiones. Por ejemplo sobre temas que tienen que ver con los anticonceptivos y la educación sexual para jóvenes, hablar abiertamente de las disfunciones sexuales en las parejas y las formas de solucionarlas, exigir el derecho a la libertad sexual y los derechos sexuales de mujeres y hombres, proponer debates sobre pornografía o la homosexualidad o, peor aún, publicarlos en artículos, incluso hacer libros y materiales didácticos que pudieran abordar esas cuestiones, eran tareas temerarias como pocas en aquella época. Yo lo hice permanentemente y he vivido en carne propia las críticas virulentas, sin compasión. En los años 80 tenía una página semanal en el diario EGIN sobre sexualidad y, más tarde, otra en el NAVARRA HOY y tuve que aguantar lo que no está escrito. Durante un año tuve una vergonzante campaña mediática por una vídeo mío que se utilizó en un colegio público de Canarias. El primer programa de educación sexual en Televisión pública que se hizo en España lo realizamos nosotros. Fue un bombazo porque se hizo en Navarra. Pues bien, ahora hay anuncios de condones en la televisión, las parejas gays pueden adoptar o las operaciones y tratamientos trans están dentro de la sanidad pública. Eso era inimaginable en aquellos años. Sin embargo, desde el Gobierno de España no se ha hecho gran cosa en la educación sexual. Tenía esperanza en los gobiernos progresistas, pero ha sido una quimera. Reivindico la normalización de la educación sexual en todos los centros de enseñanza, desde primaria hasta la universidad, impartida por docentes debidamente cualificados, y con sensibilidad hacia estos temas.