Responsabilidad afectiva: ¿Qué es y cómo aplicarla?

Seguramente en los últimos meses, o en el último año, has escuchado algunas veces este nuevo término: responsabilidad afectiva. Y es porque, últimamente, las relaciones sexoafectivas de este siglo XXI han comenzado a evaluarse a partir de este concepto. ¿Se refiere esto a “tratarse bien” a pesar de no tener una relación “tradicional”? Te lo contamos aquí.

El acuerdo que evita daño emocional

Sabemos que algunos acuerdos y reglas son necesarias cuando nos embarcamos en una relación amorosa para evitar terminar con el corazón roto. Sin embargo, no todo hoy en día son parejas establecidas o monogámicas y aquí las reglas cambian. Hoy se habla de lograr empatizar con la otra persona con la que estas estableciendo un vínculo, y entender que ciertas actitudes podrían causar daño. La infidelidad en el caso de las parejas que se rigen bajo la monogamia, y el ghosting en los vínculos que recién comienzan, parecen destruir cualquier ilusión de vida amorosa. Así, el concepto de responsabilidad afectiva plantea comprender o reflexionar sobre los posibles daños que podemos generar en el otrx al actuar de cierta manera.

No hay relaciones libres sin responsabilidad

Cuando hablamos de responsabilidad afectiva, nos referimos principalmente al compromiso que se pide establecer en un vínculo sin etiquetas. Si, una relación “sin compromiso” también depende de un compromiso mutuo, valga la redundancia. Aquellos vínculos comienzan cuando empiezas a verte con alguien, tienen sexo pero aún así no lx presentarías en tu familia. Aún allí, aunque pensemos que “no es nada” y que no “les debemos nada”, hace mucha falta ser clarxs y atentxs con aquellxs que nos regalan su tiempo.

Que no haya contrato de por medio, no quiere decir que tengamos libertad absoluta para hacer lo que querramos.

Pero para ser responsables del otrx, primero tenemos que ser responsables de nosotrxs mismxs. Acostumbrarnos a saber qué queremos, qué sentimos, qué nos gusta o qué estamos dispuestxs a hacer y qué no.

“La libertad no es lo opuesto a la responsabilidad afectiva, al contrario, conjugar las dos cosas es estrictamente necesario para que las relaciones libres sean en la práctica lo que pretenden ser en la teoría: una posibilidad de emancipación y no una forma más de opresión” (relacionesabiertas.org)

No hagas lo que no te gustaría que te hagan.

Ser atentxs es más sencillo de lo que suena. Podemos poner algunos ejemplos con los seguramente todxs nos sintamos identificados: sea por haberlo sufrido o por haberlo hecho.

Cuando no quieres ver más a una persona, dilo. Dejar de contestar, bloquear o desaparecer no es una solución responsable. Cancelar una cita diez minutos antes, utilizando excusas como “Perdona, es que me había olvidado que es el cumpleaños de mi abuela” o cualquier otra mentira, no es responsable. Querer enamorar a alguien que no estamos dispuestos a amar, no es responsable, es alimentar tu ego. Hablar distante, o en código, esperando que la otra persona te interprete, tampoco es responsable. Y para ponerlo en palabras más simples, es básicamente regirse bajo ya el famoso “no hagamos lo que no nos gustaría que nos hagan”.

Seamos responsables, por el otrx. Conversemos, ser transparente también es sexy.