Historia del sexo en Japón II: a día de hoy

Japón es un lugar de contrastes, en donde encuentras hechos contradictorios y simultáneos que están juntos pero no se mezclan, y el sexo a día de hoy en Japón es un ejemplo más de las contradicciones que hacen de este país un lugar único.

La semana pasada estuvimos hablando de lo diferente que ha sido la manera de ver el sexo en Japón desde la antigüedad. Cuando en occidente primaba la moral cristiana y sexualmente represiva, en Japón ciertos temas como la homosexualidad, la prostitución o la ilustración erótica tenían hecho su huequecito dentro de la normalidad, aunque para favorecer la diplomacia y el comercio, se adoptó esa moral restrictiva.

La homosexualidad es quizás el primer ejemplo. Habiendo sido un lugar en el que históricamente no diferenciaba la sexualidad por géneros, se distinguía mucho del resto del mundo en donde poco a poco, y muy recientemente el movimiento LGTB+ ha conseguido más fuerza y obtenido derechos impensables no hace demasiado tiempo. Aunque en Japón existieron leyes prohibiendo esta orientación durante un brevísimo periodo de tiempo (apenas una década a finales del siglo XIX) y la homosexualidad esté bastante normalizada (la presencia de personajes homosexuales en mangas y animes ha sido habitual cuando aquí era un tema todavía muy señalado), las bodas entre personas del mismo género están prohibidas por la constitución del país, que únicamente reconoce el matrimonio si este se da entre un hombre y una mujer. Aún así, como históricamente nunca ha sido un tema muy sometido a las restricciones, la visibilidad de estas personas es clara, está bastante normalizada y es habitual tener presencia en medios.

Mención aparte merece el género, que cuenta con cierto alejamiento del tradicional binarismo impuesto en occidente. Es curioso que allí, donde las mujeres a menudo son representadas como sumisas y extremadamente femeninas, entre los artistas del país existe cierta tendencia andrógina o queer, presente tanto en hombres femeninos como en mujeres masculinas. Quizás esta omisión de la diferencia binaria de género venga heredada de lo que ya mencionamos cuando hablamos del japón antiguo y que ya hemos apuntado un poco más arriba: el deseo sexual no estaba definido por el género del género.

Jóvenes andróginos japoneses

Pasando a las representaciones iconográficas del sexo, no hace falta investigar demasiado -quizás con una breve visita a nuestra página de porno de confianza- para ver que hay hentai para satisfacer todo tipo de fantasías. Pero esta es sólo la punta del iceberg en un país que produce unas 30.000 películas eróticas al año, además de contar con juguetes, muñecas, merchandising e incluso servicios para tener toda la demanda de sexo cubierta. Estos datos de la industria pornográfica contrastan a su vez con la falta de actores porno masculinos en el país.

Por otro lado, resulta curioso este auge de la industria sexual cuando según una encuesta, los japoneses no mantienen relaciones sexuales con frecuencia. Las personas interesadas en tener pareja son cada vez menos y hay expertos que afirman que manteniendo el ritmo de descenso en la natalidad, para 2065, la población se habrá reducido a 88 millones, cuando en 2018 tenía 124’5 millones de habitantes. La gente ya no quiere casarse, algunos dicen que por la presión económica, otros simplemente quieren mantener su vida en la soltería. Allí, sin matrimonio no hay hijos -y tampoco demasiado sexo, por lo que nos cuentan estos datos. Tal vez ese auge pornográfico ha alejado a las personas de la realidad en el ámbito sexual, pero en cualquier caso resulta curiosa la evolución de este país, que llama la atención entre la tendencia de occidente de liberalizar la mente y el cuerpo en pro de una sexualidad sana y activa.