Hay una chica que vive a mi lado, la miro e ignoro en la caldestinidad de mi deseo. La observo y estudio como se mueve, como vive, como se cuela en las camas de todos los que atrapa con la mirada.

Esa chica puede tener el pelo largo y rizado, liso y aburrido. Corto y de colores. Puede estar rapada o con mil extensiones. Los labios rojos y los ojos claros. Los pechos firmes y altos y las caderas anchas. El triángulo invertido perfecto de la sublimidad de lo femenino. Eso es ella. La chica que todos evitan pero que acaba en las almohadas de quien quiera.

Yo sé que ella me ronda. Me ronea y me camela con sus tirabuzones que le sexualizan la mirada. Sabe donde me duele y donde curarme. Se bebe las calles y chupa las lágrimas que derramo cuando nos encontramos a solas. Me toca y hace suya. Aunque me resista es la única que siempre está. Siempre me busca y siempre me encuentra.

Esa chica es especial. No es de nadie y es de todos. Es libre y pertenece a las noches de todo el que la busque. Es enigma y sexo sin compromiso. Como un orgasmo que nunca que llega, o una cama caliente pero vacía. Es la eyaculación sin miradas cruzadas y un viaje sin despedida. Un mensaje sin respuesta y dos tiks azules. Es la razón por la que muchos le pusimos los cuernos con el arte y sus amarres.

Ella te atrapa, te coge sin que te des cuenta. Te abraza y consume como un cigarro en la puerta del bar. Sabe a ginebra y le huele el aliento a hierba. Te muerde y azota, pero a la vez es adictiva. Siempre te espera para limpiarte las manchas de semen de la ropa y acurrucarse contigo en la cama. Es amor y odio. Es no quererla, pero tenerla.

Es la chica que te mira a través del cristal del coche cuando te meten los dedos. La que se asoma a la puerta al escucharte gemir. La que te sujeta el pelo cuando tus rodillas tocan suelo en una noche de las que fanfarronamente llamas «buenas». Es la que se mira contigo en el espejo y te dice «¿Y ahora qué te queda?».

La evité durante mucho tiempo. La denosté y la temí. Pero al final del camino, al final del día… ¿Qué me queda? Solo ella.

Quizás solo hay que aceptar la compañía que te brinda la vida. Resignarse al presente, olvidar el pasado y creer en que el futuro puede ser mejor… o no.

Soledad, trátame bien y con cariño. No seas mala, por lo que me cuentas te queda mucho a mi vera. Hazme tuya y que las dos seamos una. Yo me tiro a tus brazos, los únicos que me sujetan, los que de verdad no me sueltan ¿Lo demás? Aire y rocío de la mañana. Mentiras al vuelo y promesas que nunca fueron.

Mi soledad. Mi chica. Mi yo. Te quiero.

Entradas relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.